• Buscaban la "antítesis del consumismo" y huir de "diseños superfluos que encarecen el género y no dan un valor real", señala Satoru Matsuzaki, presidente de Muji
  • Actualmente existen más de 800 tiendas distribuidas en 27 países del mundo, tres de ellas en Madrid y tres en Barcelona


Los años 80 marcaron un antes y un después para Japón. En la época final del boom en el que su economía había crecido brutalmente desde la posguerra. Aún eran días de vino y rosas y la sociedad nipona se vio invadida por marcas de lujo procedentes de Occidente. Satoru Matsuzaki, presidente de Muji, se remonta a aquella época en la que los japoneses empezaron a identificar "caro" con "bueno", cuando no siempre son términos relacionados.

Ante aquella creciente oleada de sobreabundancia y superficialidad, en la que una simple marca aumentaba el precio de los productos, un grupo de empresarios y diseñadores se preguntó: ¿por qué no hacer algo bueno a un precio razonable?

La idea era simple: crear productos sencillos, naturales, de buena calidad y con un precio adecuado a su utilidad. Buscaban la "antítesis del consumismo", cuenta Matsuzaki a Papel. También huir de "diseños superfluos que encarecen el género y no dan un valor real". Pero, sobre todo, eliminar las marcas. De ahí el nombre de su compañía, Mujirushi Ryohin que, traducido al español, significa "producto sin marca". Apelativo que, con el paso del tiempo, evolucionó a la abreviatura Muji, la "marca sin marca".

El proyecto se convirtió en tal éxito que, a día de hoy, existen más de 800 tiendas distribuidas en 27 países del mundo, tres de ellas en Madrid y tres en Barcelona. Visto así puede parecer que su particular lucha contra el consumismo se haya vuelto en su contra, pero Matsuzaki lo niega: "Si bien es cierto que en Occidente se identifican más los productos con la marca, en Japón la mentalidad sigue siendo la misma".

Así pues, aunque haya una larga cola esperando a la inauguración de una nueva tienda en Los Ángeles, la compañía seguirá manteniendo su filosofía: "Muji no es una marca", dice su presidente. "Y cuando le quitas la etiqueta a cualquiera de nuestros productos no sabes que es de la cadena".

La no existencia de un logotipo en sus productos es lo que enorgullece al grupo, ya que es un indicador de que sus clientes los compran por calidad. Matsuzaki afirma que "muchas veces se compra por exhibir la marca" y pone de ejemplo un jersey: "Puede que no sea de buena calidad, incómodo, o incluso que no cumpla su función de salvaguardar del frío, pero tiene un gran logotipo que lo identifica con la cadena y eso es lo que la da valor. El valor de los productos no está en el logo porque el logo no está".

Ni logotipos ni publicidad masiva, entonces ¿cómo han conseguido extenderse por más de medio mundo? El presidente de la compañía responde: "La clave está en abrir tiendas en puntos estratégicos de grandes ciudades, sitios por los que pasa mucha gente y, tarde o temprano, acabarán entrando, aunque sea sólo por curiosidad".

También funciona lo que aquí se llama el "boca a boca", pues, como apunta Matsuzaki, "si te compras un reloj de la cadena, aunque no lo indique en ninguna parte, puede que estés contento con él y lo quieras compartir con tus allegados, lo que es en sí una forma de publicidad. Por eso, aunque reconoce que han hecho algún que otro anuncio, afirma que el grupo trabaja más la parte de relaciones públicas que de publicidad.

El japonés no tiene nada en contra de la publicidad: al contrario, considera que "es buena". Lo malo para él -y para los clientes- es que "muchas empresas cargan el coste del anuncio en el precio del producto". "Nosotros informamos a los consumidores de cómo está hecho el producto, mientras que otras marcas contratan a famosos". Asimismo resalta la sencillez en sus instalaciones: "No queremos tiendas con mármol o alfombras persas si eso va a encarecer los artículos".

La utilidad en un producto es fundamental. Como dice Matsuzaki, "si algo no cumple con su función, ¿para qué sirve?". De ahí la importancia en que todo lo que hagan "sea de calidad", con un objetivo básico: crear "productos funcionales para el día a día" de sus clientes y que les ayuden a tener "una vida más simple y mejor".

Eso no implica que se le reste valor al diseño, pues, para el grupo "que un producto sea funcional, básico y útil, no implica que deba ser estéticamente desagradable". Al contrario, "los artículos simples y de calidad tienen un gran diseño detrás".

Además de su obsesión por la calidad, el diseño y los precios razonables, la compañía japonesa también cumple con una función de responsabilidad medioambiental: "Apostamos por el reciclaje y la sostenibilidad desde el principio". Su presidente explica que el 90% del algodón que emplean es orgánico, con vistas a llegar al 100% el próximo año". Además, cuentan con un programa llamado "Re-Muji" en el que reutilizan prendas antiguas, en colaboración con empresas de todo el mundo y por el cual fueron galardonados por la ONU recientemente.

Antes de despedirse, Matsuzaki brinda un pequeño consejo para todos los consumidores: "Comprar productos útiles, que vayan a durar, de calidad y diseño atemporal". Tal vez, por eso, haya llegado el momento de valorar la simplicidad, desechar todos los complementos para encontrarse con el producto en sí, más allá de la moda, más allá de la marca.